MAAP #244: Deforestación e Incendios en la Amazonía 2025

Mapa base. Puntos críticos de deforestación e incendios en la Amazonía en 2025. Datos: UMD/GLAD, ACA/MAAP.

Continuando con nuestra serie anual, presentamos un análisis detallado de los principales focos de pérdida forestal en la Amazonia para el año 2025, basado en los datos anuales recientemente publicados por la Universidad de Maryland y destacados en Global Forest Watch. Al igual que en otros informes de la serie, tomamos este conjunto de datos global y lo analizamos específicamente para la Amazonia.

Estos datos, que sirven como fuente consistente en los nueve países de la Amazonia, distinguen la pérdida forestal causada por incendios de aquella debida a causas no relacionadas con el fuego. Utilizamos la pérdida forestal no asociada a incendios como indicador indirecto de la deforestación de origen humano, si bien esta categoría también incluye cierta pérdida de origen natural. Además, aplicamos un filtro para centrarnos exclusivamente en la pérdida de bosque primario.

En este contexto, podemos identificar los principales focos de pérdida forestal —tanto por causas relacionadas con incendios como por causas no relacionadas con ellos (como indicador indirecto de deforestación)— en toda la Amazonía en 2025 (ver el Mapa Base).

Los puntos críticos no relacionados con incendios (indicadores de deforestación) se debieron, en gran medida, a la agricultura y a la minería de oro en toda la Amazonia. Estos puntos críticos se concentraron en:

  • Fronteras de la soja del sureste de Brasil (Área A) y del sur de Bolivia (Área B; ver MAAP #179);
    .
  • A lo largo de las principales carreteras de Brasil, tales como la Carretera Transamazónica (Área C) y la BR-364 (Área D). También se observa una expansión agrícola a lo largo de una extensa red vial en el norte de Brasil (Área K),
    .
  • Áreas agrícolas y minería de oro en el centro de Perú (Área E), incluyendo áreas ocupadas por colonias menonitas (MAAP #222),
    .
  • Arco de deforestación en el noroeste de Colombia (Área F) asociado a carreteras, acaparamiento de tierras (y pastizales ganaderos asociados) y cultivo de coca (MAAP #224).
    .
  • Áreas de minería de oro en el sur de Perú (Área G; MAAP #233MAAP #241), el norte de Ecuador (Área H; MAAP #230MAAP #227), el noreste de la Amazonía (Venezuela, Guyana, Surinam — por ejemplo, Área I) y territorios Indígenas en Brasil (por ejemplo, Área J; MAAP #239)

 

Los focos de incendio se concentraron en las fronteras de la soja y la ganadería del sureste de la Amazonia brasileña y del sureste de la Amazonia boliviana (incluido el importante ecosistema de los bosques secos chiquitanos), así como en el noreste de Bolivia. Estos datos sobre incendios pueden interpretarse como degradación forestal, en contraste con los impactos más permanentes de la deforestación.

Pérdida de bosque primario en la Amazonia, 2002-2025

En 2025, la noticia más destacada fue que los incendios disminuyeron con respecto al año récord de 2024 (Gráfico 1). No obstante, los incendios se mantuvieron en niveles históricamente elevados (1,5 millones de hectáreas), lo que marcó la tercera cifra más alta desde 2002 (solo por detrás de las temporadas de incendios más intensas de 2016 y 2024).

La pérdida forestal no relacionada con incendios también disminuyó con respecto a 2024 (Gráfico 1). Si bien se situó ligeramente por encima del millón de hectáreas, constituyó el total más bajo de los últimos 10 años y el quinto más bajo desde 2002.

En conjunto, estimamos la pérdida forestal no causada por incendios de 34,8 millones de hectáreas de bosque primario desde 2002, aproximadamente el tamaño de Alemania. Otros 12,2 millones de hectáreas se han visto afectadas por los incendios.

Tenga en cuenta que el Gráfico 1 es interactivo: el lector puede hacer clic en los elementos de la leyenda (pérdida forestal no causada por incendios y causada por incendios) y en los círculos correspondientes a cada año para visualizar el punto de datos.

Pérdida de bosque primario en la Amazonia, 2025

En 2025, la mayor parte de la pérdida de bosque primario no asociada a incendios se produjo en Brasil (55 %), seguida por Bolivia (20 %), Perú (14 %) y Colombia (6 %), conformando claramente los cuatro primeros puestos (Gráfico 2a).

Cabe destacar que Brasil registró la menor pérdida anual desde 2002, situándose en torno a las 560.475 hectáreas (véase la línea roja en el Anexo 1).

La pérdida de bosque primario no causada por incendios en Bolivia (200.000 ha) se mantuvo históricamente elevada (la cuarta más alta registrada), aunque inferior al pico anterior de los tres años comprendidos entre 2022 y 2024 (véase la línea naranja en el Anexo 1).

La pérdida de bosque primario no causada por incendios en Perú fue la quinta más alta registrada (147.480 ha) y la más alta de los últimos cinco años (véase la línea amarilla en el Anexo 1).

La pérdida de bosque primario no causada por incendios en Colombia (66.310 ha) fue la segunda más baja desde el acuerdo de paz con las FARC en 2016 (véase la línea azul en el Anexo 1).

La inmensa mayoría (97%) de la pérdida de bosque primario causada por incendios se produjo en tan solo dos países: Brasil y Bolivia. Perú aportó un 2% (26.580 ha). El impacto de los incendios en los tres países fue muy inferior al de la temporada de incendios récord del año pasado.

Tenga en cuenta que el Gráfico 2a es interactivo: el lector puede hacer clic en las barras de cada país correspondientes a la pérdida de bosque no causada por incendios (barras moradas) y a la pérdida de bosque causada por incendios (barras naranjas). Para ver los datos de los países con menor pérdida de bosque, haga clic en la opción «Log» (escala logarítmica) situada en la parte superior derecha (o consulte el Anexo 1, más abajo).

Tasa de pérdida de bosque primario en la Amazonia, 2025

Al estandarizar por superficie, mostramos que Bolivia presenta la tasa más alta de pérdida de bosque primario no asociada a incendios, seguida por Perú, Colombia y, posteriormente, Brasil (Gráfico 2b).

Bolivia también tiene, con diferencia, la tasa más alta de pérdida de bosques primarios causada por incendios, seguida por Brasil y, más distante, Perú.

Cabe destacar que el Gráfico 2b es interactivo: el lector puede hacer clic en las barras de cada país correspondientes a la pérdida de bosque no causada por incendios (barras moradas) y a la pérdida de bosque causada por incendios (barras naranjas).

Deforestación en la Amazonía 2025

En un análisis novedoso, estimamos directamente la deforestación amazónica por primera vez. Como se ha señalado anteriormente, los datos de pérdida de bosque primario descritos más arriba constituyen un buen indicador indirecto de la deforestación, pero también incluyen pérdidas asociadas a eventos naturales, tales como deslizamientos de tierra, tormentas de viento y el curso cambiante de los ríos.

Utilizando el conjunto de datos «WRI Google Drivers of Tree Cover Loss», estimamos la pérdida de bosque primario causada directamente por la agricultura, la minería y la infraestructura. Es decir, estimamos directamente la deforestación de origen humano.

En 2025, estimamos la deforestación de 736.484 hectáreas en toda la Amazonía (Gráfico 3). La gran mayoría (94,6%) de esta deforestación provino de la agricultura (tanto permanente como migratoria). Un 5,3% adicional provino de materias primas duras, principalmente minería de oro. El 0,1% restante fue causado por carreteras e infraestructuras.

Más de la mitad (55,2 %) de esta deforestación ocurrió en Brasil, seguido por Perú (16,8 %), Bolivia (13,8 %) y Colombia (8,5 %).

Perú registró la mayor deforestación minera, seguido por Brasil, Guyana, Surinam y Venezuela. Sin embargo, cabe señalar que Amazon Mining Watch indica que Brasil presentó una deforestación minera superior a la de Perú en 2025.

Tenga en cuenta que el Gráfico 3 es interactivo: el lector puede hacer clic en las barras correspondientes a cada país. Para ver los datos de los países con menor pérdida de bosques, haga clic en la opción «Log» situada en la parte superior derecha.

Deforestación Amazónica 2025 en Áreas Protegidas y Territorios Indígenas

De la deforestación de la Amazonía registrada en 2025 y mencionada anteriormente, cerca de 132.000 hectáreas (18 %) se produjeron en áreas protegidas y territorios indígenas (Gráfico 4). Esta cifra puede considerarse una estimación general de la deforestación ilegal.

La agricultura fue responsable del 89 % de esta deforestación, y la minería, del 11 % restante.

Brasil registró la mayor deforestación en áreas protegidas y territorios indígenas (33 %), seguido por Bolivia (25 %), Perú (20 %), Colombia (10 %), Venezuela (6 %) y Ecuador (4 %).

En el caso específico de la minería de oro, Brasil presentó la mayor deforestación en áreas protegidas y territorios indígenas, seguido por Perú y Venezuela.

Cabe destacar que el Gráfico 4 es interactivo: el lector puede hacer clic en los elementos de la leyenda (Agricultura y Minería, según la designación) y en las barras para visualizar los datos de cada país.

Anexo 1

Tenga en cuenta que el Anexo 1 es interactivo: el lector puede hacer clic en los países de la leyenda y en los círculos correspondientes a cada año para visualizar el punto de datos. Para ver los datos de los países con menor pérdida de bosques, haga clic en la opción «Log» (escala logarítmica) situada en la parte superior derecha.

Implicaciones políticas

Tras la temporada de incendios de 2024, que batió todos los récords, el impacto de los incendios en 2025 siguió siendo históricamente elevado (el tercero más alto registrado), aunque se redujo considerablemente respecto al pico del año anterior. Tal como se detalla en el MAAP #229, la temporada de incendios de 2024 estuvo asociada a un intenso evento de El Niño, el cual generó condiciones de sequía extrema en toda la Amazonía. Por el contrario, el año 2025 se asoció a las condiciones de mayor humedad propias de La Niña. Esta correlación tiene importantes implicaciones para la próxima temporada del «súper El Niño» —que se prevé para el futuro cercano— y será el tema de un próximo informe.

En lugar de incendios, la noticia más destacada de 2025 fue relativamente positiva: la menor pérdida de bosque primario no asociada a incendios de los últimos 10 años, y la quinta cifra más baja registrada hasta la fecha.

Sin embargo, en 2025 se perdieron 1 millón de hectáreas adicionales de bosque primario, lo que elevó el total acumulado de pérdidas a 34,8 millones de hectáreas desde 2002, una superficie equivalente al tamaño de Alemania o de Montana.

Al igual que en años anteriores, los países con la mayor pérdida de bosque primario fueron Brasil, Bolivia, Perú y Colombia, respectivamente.

Cabe destacar que Brasil registró la menor pérdida anual desde que se tienen registros (2002), y Colombia, la segunda menor desde el acuerdo de paz con las FARC en 2016. En contraste, tanto Bolivia como Perú presentaron cifras relativamente altas, aunque con tendencias divergentes: la de Bolivia fue inferior a la de los años pico anteriores, mientras que la de Perú resultó ser la más elevada de los últimos cinco años.

Al estandarizar los datos en función de la superficie, Bolivia registró la tasa más alta de pérdida de bosque primario, seguida por Perú, Colombia y, por último, Brasil.

En términos de patrones espaciales, se detectaron focos de pérdida de bosque primario no asociada a incendios en todos los países. Las principales áreas de deforestación agrícola se ubicaron en el sureste de Brasil, el sur de Bolivia, el centro de Perú y el noroeste de Colombia. Se identificaron zonas mineras destacadas en el sur y el centro de Perú, el norte de Ecuador, el noreste de la Amazonía (Venezuela, Guyana, Surinam) y en territorios indígenas de Brasil.

Por último, en un análisis novedoso, estimamos directamente la deforestación amazónica por primera vez, utilizando un nuevo conjunto de datos proporcionado por el WRI y Google. Para el año 2025, estimamos una deforestación de 736.484 hectáreas en toda la Amazonía. La inmensa mayoría (94,6 %) de esta deforestación fue consecuencia de la agricultura (tanto permanente como itinerante). Un 5,3 % adicional provino de la extracción de materias primas (productos básicos), principalmente de la minería de oro. El 0,1 % restante fue causado por carreteras e infraestructuras.

Más de la mitad (55,2 %) de esta deforestación se produjo en Brasil, seguido por Perú, Bolivia y Colombia. Perú registró la mayor deforestación vinculada a la minería, seguido por Brasil, Guyana, Surinam y Venezuela.

Si bien la agricultura es responsable del mayor impacto en términos del número total de hectáreas deforestadas, gran parte de este impacto se concentra en zonas de deforestación en expansión y a lo largo de las carreteras. Entre los ejemplos clave se incluyen la expansión de la deforestación a lo largo de las principales vías del este y el sur de la Amazonía brasileña; la expansión de la deforestación asociada al cultivo de soja en el sur de la Amazonía boliviana; la expansión de la deforestación provocada por colonias menonitas en el centro de la Amazonía peruana; y el arco de deforestación en el noroeste de la Amazonía colombiana.

La minería de oro, por otro lado, tiene el mayor impacto en lo que respecta a la afectación de áreas sensibles. A diferencia de la deforestación agrícola —que suele seguir el trazado de las carreteras—, la minería de oro —y en particular la minería ilegal— a menudo se dirige hacia las zonas más remotas e intactas, tales como las áreas protegidas y los territorios indígenas. Entre los ejemplos más destacados se encuentran el sur de la Amazonía peruana, el norte de la Amazonía ecuatoriana, la zona fronteriza entre las Amazonías colombiana y brasileña, los territorios indígenas de la Amazonía brasileña y el noreste amazónico (Venezuela, Surinam y Guyana).

Es importante señalar que los datos aquí presentados pueden diferir de los datos nacionales difundidos por los gobiernos. Esta discrepancia puede atribuirse a diferencias metodológicas (nos centramos en el impacto sobre los bosques primarios), a la resolución espacial (30 metros en nuestro caso) y a la delimitación de la Amazonía (empleamos un límite híbrido diseñado para lograr la máxima inclusión tanto de las cuencas hidrográficas como de los aspectos biogeográficos). Dadas estas posibles diferencias entre las distintas fuentes, lo más recomendable es centrarse en la convergencia de las tendencias y patrones generales, en lugar de prestar una atención excesiva a las diferencias numéricas absolutas.

Metodología

La metodología oficial se presenta en inglés:

The analysis was based on 30-meter resolution annual forest loss data produced by the University of Maryland and also presented by Global Forest Watch.

This data was complemented with the Global Forest Loss due to fire dataset that is unique in terms of being consistent across the Amazon (in contrast to country specific estimates) and distinguishes forest loss caused directly by fire (note that virtually all Amazon fires are human-caused). The values included were ‘medium’ and ‘high’ confidence levels (code 3-4). This fire data may be interpreted as forest degradation, in contrast to the more permanent impacts of deforestation.

The remaining forest loss serves as a likely close proxy for deforestation, with the only remaining exception being natural events such as landslides, wind storms, and meandering rivers. The values used to estimate this category were ‘low’ certainty of forest loss due to fire (code 2), and forest loss due to other ‘non-fire’ drivers (code 1).

For the baseline, it was defined to establish areas with >30% tree canopy density in 2000. Importantly, we applied a filter to calculate only primary forest loss by intersecting the forest cover loss data with the additional dataset “primary humid tropical forests” as of 2001 (Turubanova et al 2018). For more details on this part of the methodology, see the Technical Blog from Global Forest Watch (Goldman and Weisse 2019).

Our geographic range for the Amazon is a hybrid designed for maximum inclusion: biogeographic boundary (as defined by RAISG) for all countries, except for Bolivia and Peru, where we use the watershed boundary, and Brazil, where we use the Legal Amazon boundary.

Protected areas and Indigenous territory data from RAISG and official sources. In case of an overlap, data was included in the protected areas category. Note that Suriname does not have titled Indigenous territories.

To identify the deforestation hotspots, we conducted a kernel density estimate. This type of analysis calculates the magnitude per unit area of a particular phenomenon, in this case, forest cover loss. We conducted this analysis using the Kernel Density tool from the Spatial Analyst Tool Box of ArcGIS. We used the following parameters:

Search Radius: 15000 layer units (meters)
Kernel Density Function: Quartic kernel function
Cell Size in the map: 50 x 50 meters (0.25 hectares)
Everything else was left to the default setting.

For the Base Map, we used the following concentration percentages: High: 3-14%; Very High: >14%. These percentages correspond to the concentration of forest loss pixels, with a pixel size of 50 x 50 meters (0.25 hectares).

Using the “WRI Google Drivers of Tree Cover Loss” dataset, we then estimated human-caused deforestation. The main challenge was analyzing this 1 km resolution dataset in relation to the 30 m resolution annual forest loss dataset described above.

Building upon the annual forest loss by confidence level )—from which fire-related loss was excluded based on confidence levels 3 and 4—a second layer, designated «Forest Loss Non-Fire» (confidence levels 1 and 2), was generated; onto this layer, the cumulative «Drivers» layer (2001–2025) was overlaid to analyze which underlying causes were associated with the recorded loss.

The result was an artificial scale 30 m resolution; it should be noted here that the spatial correlation is not exact. Since Driver’s original data has a resolution of 1 km—which encompasses multiple 30-meter pixels—this value has been replicated (downscaled). Through layer merging, a layer was obtained containing forest loss pixel values ​​accompanied by a confidence level and an assigned driver—meaning the probable primary cause of the loss has been identified.

To estimate human-caused deforestation, we focused on just four of the drivers: agriculture (both permanent and shifting), hard commodities, and roads & infrastructure. In other words, we did not include Natural forest loss, Wildfires, or Logging.

Agradecimientos

Agradecemos a los colegas de las siguientes organizaciones por sus útiles comentarios sobre el informe: Conservación Amazónica – ACEAA en Bolivia, Conservación Amazónica – ACCA en Perú y Fundación EcoCiencia en Ecuador.

Este trabajo fue apoyado por Norad (Agencia Noruega de Cooperación para el Desarrollo).

 

Cita

Finer M, Ariñez A, Bodin B, Santana A (2026) Deforestación e Incendios en la Amazonía 2025. MAAP: 244.

​MAAP #243: Minería en la Amazonía Ecuatoriana Sector Sur – Provincia de Zamora Chinchipe​

Mapa base 1. Deforestación minera en Ecuador. Datos: AMW, ACA/MAAP, RAISG

Este es el cuarto de una serie de informes que detallan la expansión de la minería aurífera en la Amazonía ecuatoriana.

En los reportes previos, se analizaron distintos sectores de las partes norte (MAAP #227), central (MAAP #230) y sur (MAAP #238) del país, respectivamente (ver Mapa Base 1). En esta nueva entrega, el análisis da continuidad al estudio del sector sur, enfocándose en la deforestación asociada a la actividad minera en la provincia de Zamora Chinchipe.

Zamora Chinchipe, ubicada en el extremo sur de la Amazonía ecuatoriana, constituye una de las regiones de mayor importancia ecológica del país debido a su localización en la transición entre la cordillera de los Andes y la llanura amazónica. Esta condición favorece una alta diversidad biológica y la presencia de ecosistemas estratégicos, como bosques nublados, páramos y formaciones únicas como los tepuyes subandinos (Nota 1). Estos sistemas ecológicos son un eje fundamental para la conectividad ecológica y el mantenimiento de los procesos hidrológicos en la región. En este contexto, la provincia alberga áreas prioritarias para la conservación, como el Parque Nacional Podocarpus, la Reserva Biológica Cerro Plateado, la Reserva Natural Maycú y el Bosque Protector Alto Nangaritza (ver Mapa Base 2), que en conjunto conforman un corredor de conectividad ecológica clave para especies emblemáticas como el jaguar, el tapir y el oso de anteojos  (Jewel, 2020).   

Sin embargo, esta zona enfrenta crecientes amenazas asociadas a la expansión de actividades extractivas. En línea con ello, el reporte MAAP #167 alertó sobre la pérdida de cobertura forestal vinculada a la actividad minera en el Bosque Protector Alto Nangaritza, evidenciando la presión sostenida sobre estos ecosistemas estratégicos. 

En este contexto, y considerando además el alto potencial para la extracción de minerales de la provincia, Zamora Chinchipe se ha consolidado como una zona de interés estratégico a nivel nacional. Según Mongabay, desde 2020 la minería aurífera se ha posicionado como uno de los principales motores económicos del territorio, desarrollándose en múltiples escalas, desde proyectos a gran escala hasta actividades artesanales y de pequeña escala, lo que incrementa la presión sobre áreas ecológicamente sensibles. Los impactos asociados a esta actividad incluyen deforestación, presencia de maquinaria e infraestructura destinada a la extracción y procesamiento de minerales (ver Imagen 2), contaminación por uso de mercurio y degradación de suelos. 

Desde el 2023, Amazon Conservation, en colaboración con Earth Genome y el Pulitzer Center, ha estado desarrollando un geovisor en línea conocido como Amazon Mining Watch (MAAP #226). Esta herramienta virtual automatiza el análisis de imágenes satelitales mediante el aprendizaje automático para identificar las zonas afectadas por la minería en toda la Amazonía, desde el 2018, hasta el 2024. Desde noviembre de 2025 Amazon Mining Watch (AMW) cuenta con actualizaciones trimestrales de estos datos, lo que significa un gran avance y permitirá la detección sistemática y casi en tiempo real de nuevos frentes de minería aurífera artesanal y de pequeña escala en toda la región.  

El Mapa Base 1 presenta la ubicación de la reciente deforestación asociada a actividad minera confirmada, utilizando las detecciones correspondientes a la última actualización trimestral de AMW para toda la Amazonía ecuatoriana, en relación con las áreas de impacto minero identificadas para 2025. 

Dinámica de la actividad minera 

Gráfico 1.Datos: MapBiomas, EcoCiencia.

A continuación, se presenta la evolución de la superficie acumulada por año producto de la actividad minera en la provincia de Zamora Chinchipe, con un análisis del crecimiento de la superficie afectada entre 1995 y 2024.

En el año 1995, la minería ocupaba alrededor de 5 hectáreas; sin embargo, en los años posteriores se observa un incremento alarmante, alcanzando un total de 6.802 hectáreas para 2024 (ver Gráfico 1).

Esta extensión equivale a más de 4.800 canchas de fútbol profesional.

 

 

 

 

 

 

Casos de Estudio 

En respuesta a este escenario, se llevó a cabo un monitoreo satelital orientado a identificar y cuantificar los impactos de la minería aurífera en cuatro casos de estudio, en los cuales se analiza la dinámica con la cual la superficie minera se ha extendido en el periodo 2021-2025 dentro de la provincia de Zamora Chinchipe (ver Mapa base 2). 

Estos casos abarcan cuatro áreas clave de conservación, incluyendo dos áreas protegidas (el Parque Nacional Podocarpus y la Reserva Biológica Cerro Plateado), un bosque protector (Bosque Protector Cuenca Alta del Río Nangaritza), y un área de conservación privada (Reserva Natural Maycú).

También incluye dos sistemas fluviales estratégicos de la provincia: los ríos Nunpatakaime y Nangaritza.

En total, en lo cuatro casos de estudio, se registraron aproximadamente 195 hectáreas afectadas por actividad minera dentro del periodo 2021 – 2025. 

Mapa base 2. Área de monitoreo satelital en Zamora Chinchipe. Datos: Amazon Conservation/MAAP, EcoCiencia, Planet

Caso 1:  Río Nangaritza 

Gráfico 1. Caso 1 – Río Nangaritza. Datos: Amazon Conservation/MAAP; EcoCiencia

El caso de estudio se ubica en la ribera del río Nangaritza, específicamente en la aldea Las Orquídeas y en el sector noroeste de la Reserva Natural Maycu. 

A continuación, se analiza el impacto de la expansión minera, considerada una de las principales amenazas ambientales en la zona de estudio. 

Entre 2021 y 2025, se han identificado un total de 77,88 hectáreas afectadas por la actividad minera. 

 

 

 

 

 

Monitoreo satelital Caso 1. Datos: EcoCiencia, Planet

Además, del total acumulado de superficie afectada por minería, solamente se registraron 5,29 hectáreas dentro de concesiones mineras y 21,22 hectáreas al interior de la Reserva Natural Maycú, lo que evidencia la expansión de la actividad y un incremento de la presión sobre esta área de conservación (ver Monitoreo Satelital, Caso 1).

 

 

 

 

 

 

 

 

Con el fin de realizar una comparación temporal de la actividad minera, se presenta el panel 1, que muestra las condiciones correspondientes a julio 2021 (panel izquierdo) y diciembre 2025 (panel derecho). 

Panel 1. Datos: EcoCiencia, Planet

Caso 2: Río Numpatakaime 

Gráfico 2. Caso 2 – Río Numpatakaime. Datos: ACA/MAAP, EcoCiencia

Este caso de estudio se ubica a lo largo de las riberas del río Nunpatakaime, el cual se encuentra dentro del Bosque Protector Cuenca Alta del Río Nangaritza, un área de conservación que resguarda extensas coberturas de bosque tropical húmedo, caracterizadas por su alta biodiversidad y buen estado de conservación.  

Se llevó a cabo un análisis multitemporal correspondiente al periodo 2024–2025, con el fin de evaluar e identificar el impacto generado por las actividades mineras en la zona de estudio. 

En 2024 se identificaron 6,86 hectáreas afectadas por la actividad minera, mientras que en 2025 la superficie impactada se incrementó en 52,99 hectáreas, esto representa un total de 59,85 hectáreas intervenidas durante el período de análisis. 

 

 

Monitoreo satelital Caso 2. Datos: EcoCiencia, Planet

Del total acumulado de hectáreas afectadas, 5,29 hectáreas se ubican en concesiones mineras y 44,27 hectáreas se localizan dentro del Bosque Protector Cuenca Alta del río Nangaritza (ver Monitoreo Satelital, Caso 2). 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con el propósito de evidenciar la superficie deforestada, el panel muestra las condiciones de la actividad minera en septiembre de 2024 (lado izquierdo) y diciembre de 2025 (lado derecho). 

Panel 2. Datos: EcoCiencia, Planet

Caso 3: Parque Nacional Podocarpus 

Gráfico 3. Caso 3-Parque Nacional Podocarpus. Datos: ACA/MAAP, EcoCiencia

Este caso se localiza a lo largo de las riberas del río Loyola. Esta área forma parte de la zona de alta montaña del Parque Nacional Podocarpus. Asimismo, el río Loyola integra la red hídrica del parque nacional, que se conforma de más de 100 ríos y quebradas, siendo vital para la conservación de los bosques nublados y páramos de la zona, los cuales constituyen hábitat de especies amenazadas como el oso de anteojos, el cóndor andino, el tapir de montaña y el jaguar, tal como lo señala Naturaleza y Cultura Internacional en su publicación “Reconocimiento Corredor de Conectividad Podocarpus Yacuri” (NCI, 2025). 

En este sector se identificó que, entre agosto de 2023 y diciembre de 2025, la superficie afectada por la actividad minera alcanzó las 44 hectáreas en el interior del parque, equivalentes aproximadamente a 62 canchas de fútbol profesional. Este incremento evidencia la magnitud de la intervención y resalta la urgencia de implementar acciones para mitigar sus impactos. 

Monitoreo satelital Caso 3. Datos: ACA/MAAP, EcoCiencia, Planet

La actividad minera se desarrolla al interior del Parque Nacional Podocarpus, donde la explotación de recursos minerales está prohibida por ley (ver Monitoreo Satelital, Caso 2). 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El panel 3 permite analizar el crecimiento de la deforestación por minería entre septiembre 2023 (panel izquierdo) y abril 2025 (panel derecho). El panel contrasta la pérdida de cobertura boscosa, así como el impacto sobre el río Loyola. 

Panel 3. Datos: EcoCiencia, Planet

Caso 4: Reserva Biológica Cerro Plateado 

Gráfico 4. Caso 4-Reserva Biológica Cerro Plateado. Datos: ACA/MAAP, EcoCiencia

Este caso se localiza en el área de amortiguamiento de la Reserva Biológica Cerro Plateado, una zona núcleo de alta relevancia ecológica en el sur del Ecuador. Establecida en 2010, se ubica entre los cantones Palanda y Nangaritza, en la provincia de Zamora Chinchipe. Esta área protegida cumple un rol estratégico como corredor de biodiversidad entre el Parque Nacional Podocarpus, la Reserva Natural Maycú y el Bosque Protector Alto Nangaritza, contribuyendo a la conservación de ecosistemas frágiles, como los tepuyes, y de especies emblemáticas como el jaguar, el tapir y el oso de anteojos (Jewel, 2020) 

En este sector se identificó que, entre agosto de 2024 y diciembre de 2025, la superficie afectada por la actividad minera alcanzó las 13 hectáreas, de las cuales 1,59 hectáreas se localizan dentro de la reserva. Esta superficie total equivale aproximadamente a 18 canchas de fútbol profesional, evidenciando la magnitud de la intervención en la zona. 

Monitoreo satelital Caso 4. Datos: ACA/MAAP, EcoCiencia, Planet

Además, se verificó que la actividad minera se desarrolla dentro y fuera de las áreas autorizadas por el catastro minero, es decir, en zonas sin los permisos correspondientes.

Estas áreas no autorizadas suman 12 hectáreas, lo que representa el 92 % del total identificado, constituyendo un hallazgo relevante por su carácter irregular. 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con la finalidad de analizar particularidades de las actividades mineras en este caso de estudio, se puede observar en el Panel 4, la ampliación de la actividad minera entre septiembre 2023 (panel superior izquierdo) y diciembre 2025 (panel superior derecho). 

Panel 4. Datos: EcoCiencia, Planet
Zoom 1. Datos: EcoCiencia

Adicionalmente, mediante el uso de fotografías aéreas captadas con dron en abril de 2026, se realizó un análisis de mayor detalle del área intervenida, permitiendo identificar características como piscinas de sedimentos, remoción de la cobertura vegetal, suelos erosionados y la presencia de campamentos abandonados, entre otros impactos asociados a la actividad minera (ver zoom A).  

 

 

 

 

 

 

 

 

Recomendaciones de política pública 

1. Estandarización del ciclo minero y condicionamiento de nuevos frentes al cierre técnico progresivo 

Foto 1. Actividad minera.​ Fuente: EcoCiencia

Los casos analizados en Zamora Chinchipe evidencian un patrón operativo recurrente caracterizado por la apertura de frentes mineros, su abandono temporal, el desplazamiento hacia nuevas áreas de explotación y el posterior retorno a zonas previamente intervenidas. Esta dinámica, común en la minería artesanal, pequeña y mediana, genera impactos y pasivos ambientales acumulativos y dificulta el control efectivo por parte de la autoridad competente. 

El marco jurídico ecuatoriano establece obligaciones claras respecto a la planificación, ejecución y cierre de las actividades mineras. La ‘Ley Orgánica para el Fortalecimiento de los Sectores Estratégicos de Minería y Energía’ dispone que toda actividad minera debe ejecutarse conforme a planes técnicos y ambientales aprobados, incluyendo planes de manejo ambiental y de cierre desde las fases iniciales del proyecto (arts. 4, 7 y 9). De manera complementaria, el Código Orgánico del Ambiente (COA) consagra los principios de prevención, control progresivo y reparación integral del daño ambiental, incluso cuando las actividades se desarrollan de forma intermitente (arts. 9, 171 y 291). 

No obstante, en la práctica, los instrumentos de gestión ambiental suelen aplicarse de manera fragmentada, evaluando cada frente de explotación como un evento aislado y sin considerar la lógica de abandono y retorno. 

En este contexto, se recomienda establecer protocolos técnicos estandarizados y obligatorios que regulen de manera integral las fases de apertura, suspensión temporal, abandono y reactivación de frentes mineros. Estos protocolos, deberían aplicar independientemente de la escala de la actividad y ser complementarios a los respectivos procesos sancionatorios. 

De manera complementaria, se recomienda condicionar la autorización para la apertura de nuevos frentes de explotación al cumplimiento técnico y verificable de procesos de cierre progresivo y remediación en frentes previamente intervenidos. Esta medida permitiría prevenir la generación de pasivos ambientales, reducir los incentivos al abandono informal y alinear la práctica minera con las obligaciones legales vigentes. 

2. Incorporación obligatoria de tecnologías de monitoreo y registro continuo del ciclo minero para constituir un sistema de alerta temprana.

Foto 2. Parque Nacional Podocarpus – área protegida amenazada que necesita un sistema de alerta temprana​. Fuente: EcoCiencia

Si bien la ‘Ley Orgánica para el Fortalecimiento de los Sectores Estratégicos de Minería y Energía’ faculta al Estado a ejercer control y fiscalización permanente sobre las actividades mineras (art. 3, 4 y 9), en territorios extensos y de difícil acceso, como Zamora Chinchipe, los mecanismos tradicionales de control resultan insuficientes para dar seguimiento a los ciclos de abandono y retorno. 

En este sentido, se recomienda incorporar de manera obligatoria herramientas tecnológicas de monitoreo, tales como sistemas de georreferenciación, imágenes satelitales y plataformas digitales de reporte, como parte de los instrumentos de gestión y control minero de la entidad de regulación y control minero. Estas herramientas permitirían identificar cambios periódicos en el uso del suelo, aperturas de nuevos frentes y reactivaciones en áreas previamente intervenidas. 

La adopción de estos sistemas fortalecería el enfoque preventivo del control ambiental, facilitaría la toma de decisiones basada en evidencia técnica y contribuiría al cumplimiento de las obligaciones de control establecidas tanto en la Ley Orgánica para el Fortalecimiento de los Sectores Estratégico de Minería y Energía, la Ley Orgánica para el Fortalecimiento de las Áreas Protegidas y el COA. 

3. Articulación del control técnico con gobiernos locales y mecanismos territoriales de vigilancia 

La dinámica discontinua de la actividad minera en Zamora Chinchipe requiere un modelo de control que supere la fiscalización centralizada y se apoye en actores territoriales. La Constitución de la República reconoce el derecho a la participación ciudadana en la gestión pública (art. 95), principio desarrollado en la normativa ambiental ecuatoriana. 

En este marco, se recomienda articular las acciones de los gobiernos autónomos descentralizados con los mecanismos locales de vigilancia territorial. Esta articulación permitiría mejorar la detección temprana de actividades no autorizadas, fortalecer la transparencia del ciclo minero y asegurar que el retorno a áreas previamente intervenidas se realice bajo condiciones técnicas y ambientales adecuadas. 

La integración de estos actores contribuiría a territorializar la política minera, reducir los vacíos de control y reforzar la coherencia entre la planificación minera y la gestión ambiental en la provincia. 

4. Inclusión de componentes tecnológicos en procesos judiciales 

La Ley Orgánica para el Fortalecimiento de las Áreas Protegidas (LOFAP) prevé la intervención de la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas para la protección de áreas protegidas en las que exista presencia de grupos criminales, con el fin de neutralizar la amenaza y restablecer condiciones de normalidad. En este marco, dispone que el control en áreas protegidas de difícil acceso (como Parque Nacional Podocarpus y la Reserva biológica Cerro Plateado) será realizado mediante tecnología de vigilancia. 

En concordancia, su Reglamento (RLOFAP) establece que, en estas áreas, el control del territorio se fortalecerá mediante el uso de herramientas tecnológicas como drones, sensores remotos, sistemas de georreferenciación, cámaras trampa u otros mecanismos que garanticen un monitoreo permanente y eficaz, previa autorización de la entidad competente. 

Sobre la base de este marco normativo, se recomienda la incorporación de componentes tecnológicos en los procesos judiciales, de modo que dichos mecanismos formen parte integral de las actuaciones tanto en la vía administrativa como penal. 

Un componente tecnológico muy valioso que entra dentro de esta lista de herramientas tecnológicas son los reportes de monitoreo satelital. Por ello, se recomienda que sean integrados a procesos judiciales y al procedimiento administrativo, en calidad de elemento de convicción, evidencia y prueba. A tal fin, es importante promover toda iniciativa normativa que enfatice la importancia del empleo de la tecnología en el control ambiental y la prevención de los ilícitos.

Agradecimientos  

Este informe es parte de una serie enfocada en la Amazonía ecuatoriana a través de una colaboración estratégica entre las organizaciones Fundación EcoCiencia y Amazon Conservation, con el apoyo de la Fundación Gordon y Betty Moore y la Agencia Noruega de Cooperación para el Desarrollo (Norad). 

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